lunes, 12 de septiembre de 2011

Canción del sueño

Calidez que sale
del brillo de tu cara
el rubor

Esa luz emana
mi vicio por tu espalda
el fulgor

No acaricia el canto
las promesas, la falta
o el perdón

Acaricia al darte
la carne de mi voz
mi canción

Dan tus pestañas
el camino hacia tu risa
desde tus poros o tus mejillas
hasta mi vida
colorea dulce brisa
tu rubor



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miércoles, 2 de marzo de 2011

Hiparquia (canción)

“solo se que cambias por las mañanas”
L.A.S; “Ni hables” en Silver Sorgo, 2002.



Vas descalza.
Siempre al cielo te despejas.
Carcajadas
son el viento que siembra al fin.
Doy mi alma:
quien te quiere no vuelve a mí.
¿Ves, Hiparquia?
Voy desnudo de sol a sol.

No te quiero si no es en mí.

Vas descalza
sin la tela de la ciudad.
Tu mirada
dice todo en libertad.
Soplas, cantas...
cataratas de pecho en luz.
Das, Hiparquia,
la delicia que no es amor.

Yo comprendo si es en vos.
Yo no aprendo si no es en vos
¿Cómo salgo si no es en vos?



Nota: esta canción la enconrarán en "Muestrario de un Bestiario Vol I" (2010)interpretado por Simón antelaf y sus bombillas
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martes, 15 de febrero de 2011

Paso (poema)

Vemos que las pisadas van marcando el camino,

un camino.


El pasto crece menos,

se aclara la senda.


Uno ve el rumbo que ofrece

la tierra

yerta

por pasos de muchos,

de varios,

¿demasiados?

Antepasados han caminado y tantos

nos han dejado

este claro camino yano

por seco.

Queda preguntar

qué sensibilidad prefiere

ese cauce hueco,

esa sed infalible

para los pétalos de de sus pies,

en vez de darles

el jugo de la hierba

sin rumbo fijo.



Marto Antelaf

martes, 19 de octubre de 2010

Facebook (canción) por Martín Perez Antelaf

Si tus piruetas se dieran
inmensas en la canción
¿también serían de sinceras
si no se van desde mí?

¿Y quién te dice despierta
en lagos, en las montañas?
Si ya no quedan tus alas
¡qué importa la tinta en mí!

Se acabó buscar el sueño
con miedo a quedarme dormido.
Dan tus brincos mi insomnio
sin tiempo para darme luz.


¿Sabés? Darías sonrisas
sin esos, tus retazos de cielo,
si te pararas de manos
con vueltas hacia el sin fin.

Tocan tus pies tu cabeza
y pliegas tus piernas en vos.
¿Acaso mienten tus muertes
si niegan tu dicha en mí?

Se acabó buscar el sueño
con miedo a quedarme dormido.
Dan tus brincos mi insomnio
sin tiempo para darme luz.

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domingo, 11 de octubre de 2009

Paseo de domingo (poema) por Martín Perez Antelaf

Dan su espalda enmarcada
entreabierta
sin cerrojo alguno
y sedienta.

Dan de música
cada letra que se deshace
al hacerme de burbujas
sin saberlo.

O dan brincos
minúsculos
de suaves que son.
Respira así la caricia
sin saberlo.

Dan también
aquellos que fruncen el seño
miran derecho
de muchas maneras
para que mi boca
se suelte
y se pierda en una risa.

¿Cómo querer un lunes
desde un domingo
entre tanto color?

Soy de ellas, rayes raros,
que se muestran
fogonazos
al darles mis ojos.
Yo les doy mis labios
para que besen como quieran,
ya que vuelven a darme
candente,
en mis suspiros de infante.

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sábado, 15 de agosto de 2009

Desde una letra de rock III (ensayo) por Martín Perez Antelaf

Solo la pluma que dura lo que un suspiro, pero conmoviendo plenamente, modificando nuestro pecho con toda la carga del cielo en la tierra, o tal vez de la tierra en el cielo, solo esa pluma nos hace escribir.
Ya no hay medias tintas: solo ese terrón de serafín –sin dejar de ser éste- que se derrama por nuestro cuerpo, creando el alboroto que estalla en el sinsentido, que nos deja sonrientes en nuestro desmayo, con la respiración agitadísima… eso es lo que llega para irse.
Es ese amor que destroza lo que ya no es porque, al traernos acá, más acá, deshace la superstición de un mundo por fuera y superior de este. Así ese amor excita la imaginación exhalando realmente otro mundo.
Ese amor dura un golpe de pecho, esa canción dura lo que una gota de transpiración logra recorrer en un beso, tiempo divino.
Y se larga la palabra que se abre así misma al dejarse penetrar por otra, que huele a canción. Sabe que no hay otra manera de darse eternamente más que entregándose al aire, a la tempestad increíble. ¿Hay acaso otro modo de jugar el juego?
Así, esa dulzura primera, de a gotas únicas e irrepetibles, no pueden, sin saberlo, en su plenitud deseosa más que hacer añicos cualquier estandarte caduco, silencioso y silenciador, sofocante en su voluntad de inmovilidad. Así dejan de ser, desde el comienzo, dulzura primigenia, para ser eternas en ese momento exacto y dinámico.
La pluma que acaricia sin formas ni pensamientos secos, regalando letras, dando a luz esas oraciones que serán luego la sangre del amante, listas para ser derramadas en el regocijo del olvido vivificante; esa pluma abre la palabra como don, como entrega excesiva y, por tal, deliciosa. La letra de esa pluma no pretende ser aquello esplendoroso: quiere ser, siendo, otra cosa deliciosa, rebosante.
Momentos furiosos, de labios carmesí, y también de roces de manos y voces muchas.
Instantes fugaces, inevitablemente luminosos, vitalmente dados en parpadeos somnolientos, sonrientes.
No hay soledad en el correr del viento, no hay quietud en el reino de lo diverso.
Lo enorme del alba no dura siglos ni meses, ni siquiera un día entero. Y sin saberlo, asoma el gran mediodía.


Ventiscas de marzo
Luís Alberto Spinetta (Prive, 1986)


Una vez
ven aquí
ángel de trueno
con tu luz
veo así a través de un gigantesco día

y viene y va
sin pensar
tu corazón, de viento
y otra vez, al latir
mueve toda palabra intensamente herida al decirse

un amor que permanece intacto
inexorablemente expuesto al aire

oh mi amor
espero una carta de tu alma
esta vez es así
te veo fuego
quemando relojes atrasados por siempre
es una hoja que se bancó el diluvio
sólo una hoja que se bancó el diluvio

las ventiscas de marzo quemarán mi soledad
las ventiscas de marzo quemarán mi soledad
en un único iceberg derritiéndose hacia el sol de tu amor

oh mi amor
espero una carta de tu alma
y veo
a través de un gigantesco día
y viene y va
sin pensar
tu corazón de viento
y esta vez al latir
te veo fuego
quemando relojes atrasados por siempre

como una hoja que se bancó el diluvio
un capeleti que se bancó el diluvio

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sábado, 14 de marzo de 2009

Laura Violeta (canción) por Martín Perez Antelaf

Toda palabra en esta playa
la llevó el viento (hacia mí).
Tan inmediatas todas tus huellas,
besaron la marea sin querer.

Por tu pollera, sacude el viento.
Mientras ondula siento la orilla
dar vida a la bruma: la trae, la quita...
todo así gira sin prometer.

Todo lo que importa
es todo lo que suena:
el grito de la hormiga,
el murmullo en nuestra la arena.

Quizás el mar la haga hermosa
o ella es olas al darse así.
Ya sus tobillos salan la espuma
me dan todas sus piernas la inmensidad.

Y siento todo a través en ella,
y siento tanto entre ella y yo…
no quedan voces sin ser su risa
no queda brisa sin ser su voz.


Todo lo que importa
es todo lo que suena:
el grito de la hormiga,
el murmullo en nuestra la arena.

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